El
concepto de redes sociales no es algo nuevo en nuestro
país ni tampoco está asociado exclusivamente
al uso de Internet. Desde hace ya varios años
y décadas, individuos con necesidades comunes
se agrupan en torno a un objetivo determinado para,
uniendo fuerzas, alcanzarlo.
El surgimiento de Internet y su posterior desarrollo
como medio de comunicación masivo, ha posibilitado
que las redes sociales puedan existir, además
de en el espacio físico, en el espacio virtual.
Primero fue el furor por los celulares, luego la conexión
casi ininterrumpida a Internet con los chats, blogs
y fotologs y ahora se transita un nuevo paradigma tecnológico:
las redes sociales, que de la mano de la tecnología
ven facilitada su extensión a lo largo de diferentes
provincias, regiones y del mundo, superando definitivamente
el factor geográfico que muchas veces las limitaba
en su accionar.
En nuestro país, el fenómeno ha crecido,
y continúa haciéndolo, en forma exponencial,
superando a otras sociedades con más cantidad
de habitantes y con más recursos tecnológicos,
probablemente por la marcada naturaleza social que nos
caracteriza a los argentinos frente al resto del mundo.
Esta situación plantea algunas preguntas interesantes:
¿Por qué las redes sociales virtuales
tienen tanto éxito en la Argentina? ¿Cuál
es el verdadero beneficio que obtienen sus usuarios?
¿Es bueno que las personas socialicen más
en un espacio virtual que en uno físico?
Teniendo en cuenta tal naturaleza sociable no es de
extrañar que algunos tipos de redes sociales
virtuales se desarrollen rápidamente frente a
determinadas circunstancias o fines. Debe considerarse
por ejemplo que muchos espacios de socialización
físicos se han perdido, debido a diferentes razones,
en los últimos años. Frente a esto, la
aparición de lugares de socialización
virtuales es algo positivo que fomenta el contacto y
la interacción entre individuos.
Para poder utilizar todos los servicios y posibilidades
que brinda una red social sobre todo en Internet, el
usuario debe registrarse, es decir, ingresar sus datos
(nombre y apellido, e-mail, nombre de usuario, contraseña,
etc.) para así pasar a formar parte de ésta.
Sin interacción presencial el beneficio final
que obtiene el usuario es la interacción social,
utilizando el sitio como medio.
Un tema que siempre gira en torno a este es que las
comunicaciones mediadas por computadoras se caracterizan
por su falta de interacción presencial, es decir,
un intercambio cara a cara entre dos o más individuos.
Sobre esto hay debates constantes entre distintos grupos
de sociólogos y/o antropólogos. Básicamente
las posturas encontradas son, por un lado, que las redes
sociales virtuales aíslan a la persona y la transforman
en un ermitaño; por otro lado, que las mismas
posibilitan un espacio de contacto e interacción,
aunque sea virtual, entre la gente que, por la vorágine
del mundo actual, ha perdido o ha visto disminuidos
sus contextos de socialización o que incluso
vive a muchísimos kilómetros de distancia.
Ni una ni otra nos permite hacer valoraciones absolutamente
positivas o negativas de la mayoría de las redes
y los variados usos que de ellas hacen los sujetos,
fundamentalmente niños, adolescentes y jóvenes
En realidad todo depende desde qué perspectiva
se utilicen y de cada una de las situaciones a las que
da lugar tal uso. No es lo mismo un individuo que es
absorbido por el entorno virtual sin tener capacidad
de reflexión ni control, que uno que usa las
comunicaciones mediadas tecnológicamente sabiéndose
regular en la medida justa respecto de fines, alcances,
dimensiones, etc. orientados todos a metas de construcción
y desarrollo social. Es justamente este último
el margen de posibilidad y responsabilidad social adulta,
en el que cabe enseñar a usar tales herramientas
a los miembros más jóvenes de la sociedad.
El principal objetivo de las redes sociales, también
en Internet es solidario. Su misión es ayudar
a sus usuarios a encontrar aquello que buscan. Bajo
este signo se han originado, y como tales son indiscutiblemente
un fenómeno creciente en la Argentina. En este
nuevo contexto serán beneficiosas para sus usuarios
y para la sociedad en su conjunto siempre y cuando las
personas las utilicen con consciencia y responsabilidad,
tratando de evitar los malos usos y abusos que progresivamente
las aleja de la real posibilidad de ejercicio de la
propia libertad.